Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis


Submundo conoce a Edmundo

Submundo conoce a Edmundo

"Todos somos agua de diferentes ríos y algún día nos evaporaremos juntos"
John Lennon.

  carabelas 

Cuando llega el Día de las Madre, uno le compra una linda lavadora a su adorada cabecita blanca; el Día del Maestro, uno aprovecha la ocasión para obsequiarle un pollo rostizado al hambreado educador (con tal de que te aprueben con mención honorífica); y al acontecer el Día de la Secretaria, uno le compra a la reina de la oficina un bonito ramo de rosas, la invita a comer a la cantina y luego le sugiere una cordial visita a un hotel en la carretera a Cuernavaca (sin que esto se malinterprete como un vil acto de acoso sexual, of course).

 

Pero el Día de la Raza, ¿a quién diablos se le obsequia un regalo? ¿A los nativos de Perros Bravos, Nuevo León? ¿A un minúsculo ADN? ¿Al espíritu que habla por nosotros en la UNAM? ¿A un perro pequinés?

 

Honestamente, el día de la raza es tan abstracto como el Día del Medio Ambiente, el Día de la Libertad de Expresión o El Día D, simple y sencillamente porque la raza es un concepto que significa todo y nada.

 

Si de lo que se trata es de inventar festejos en los que no se le regale nada a nadie, deberíamos instituir el Día de la Raíz Cuadrada, el Día del Sueño Olvidado o el Día de la Sonrisa de Fábula.

 

descubrimiento%20inchala041013.jpg

 

 

Bueno —argumentarán los defensores de esta celebración—, se trata de rememorar el encuentro entre dos mundos (como en la actualidad se le llama eufemísticamente al descubrimiento de América; y es que sí fue descubrimiento: antes de ese día, los americanos no sabíamos que éramos tales, ni el resto del mundo tenía identidad europea, pero a partir de entonces todos se definieron conceptualmente como continentales), enredando más el asunto, pues por un lado existe sólo un mundo y, por otro, existen mucho más de dos.

 

Lo primero es fácilmente demostrable, observando cualquier ilustración del sistema solar o revisando la famosa obra de H. G. Wells: La guerra de los mundos, donde los extraterrestres no dicen: "¡Vamos a invadir a los cantábricos y luego a los jarochos y luego a los habitantes de África septentrional!". Lo segundo se deduce analizando lo que ocurrió aquel remoto 12 de octubre de 1492.

 

 

 Una apacible mañana nació Cristóbal Colón en Génova (mundo 1), luego se hizo navegante y acudió al reino de Castilla (mundo 2), que nada tenía que ver con los separatistas vascos (mundo 3), para que le patrocinaran un viaje que diera con una ruta alterna a la de los marinos de Portugal (mundo 4), rumbo a Las Indias (mundo 5). Así se topó con la isla Guanahaní (mundo 6), luego con Cuba (mundo 7), luego con República Dominicana (mundo 8), más tarde con Haití (mundo 9), y finalmente arribó a esa gran islota conocida posteriormente como América (mundo 10).

Eso sin contar que cada mundo incluye sus pequeños submundos, pues los aztecas renegaban de los totonacas, éstos de los chichimecas, éstos de los olmecas, éstos de los tlaxcaltecas y éstos no renegaban de nadie (pero se torcieron a todos, pasándose al bando de los güeros barbados).

 

De hecho, ni siquiera todos los soldados que llegaron con Pizarro, Cortés y el fiero Pedro de Valdivia compartían los mismos rasgos fenotípicos, genotípicos ni culturales, pues los asturianos bailaban jotas, los de Barcelona, rumba flamenca, y los andaluces, bulerías (además, no todos los andaluces que cruzaron el Atlántico elevaban las mismas plegarias cuando el mar embravecía, pues mientras los de Almería le rezaban a la virgen del Mar, los de Sevilla se dirigían a la Macarena, y los de Huelva imploraban piedad a Nuestra Señora de la Cinta).

 

Siempre me ha dado risa aquel lugar común de que la música afroantillana es producto de la mezcla sonora de la España de charanga y pandereta con el África de tambores y grilletes, pues los ritmos del continente negro ya se habían colado con mucha antelación al cante jondo, subiendo con bulla por el Peñón de Gibraltar, lo mismo que los lamentos gitanos que se mudaron a las cuevas de Sacromonte, en Granada, tomando la vía de Cádiz para llegar a Europa, mientras otros indios le dieron la vuelta por los Balcanes, quedándose con sus violines, panderos y osos bailarines —osos negros, no wasp polares— en la ahora cada vez más dividida Europa oriental (aclaro, indios de la India, no pieles rojas ni "los que quieren llorar por el amor de una dama", como canta la Banda Machos).

 

Respecto a la bizantina polémica de si lo que aconteció aquel fatídico 12 de octubre fue un descubrimiento o un encuentro, todo se disuelve al reconocer que cada cabeza es un mundo totalmente convencido de que no hay vida más allá de los límites de su estratósfera; es decir, que todavía no ha habido mundo que descubra o se encuentre a otro, a lo más, apenas como que nos estamos semi-percibiendo unos a otros.

 

Cuando mi hermano Toño recibió una beca para estudiar en Barcelona, la secretaria que lo atendió no sabía dónde estaba México (pero eso se compensa si tomamos en cuenta que ni mi hermano Toño ni tú ni yo disimularíamos una cara de what?, si fuéramos secretarias de la UNAM y tuviéramos que atender a un becado recién desempacado de Turkmenistán).

 Muchos europeos todavía no descubren ni se topan con América porque no tienen la menor idea de su ubicación. Es común que, al visitar el viejo continente, alguien te comente: "¡Ah! ¿Eres de México? Pues yo tengo un amigo en Argentina, a la mejor lo conoces"; y chequen a los turistas que llegan al Distrito Federal, en shorts, gorras y camisas hawaianas, creyendo que aquí hay playas y luego los pobres andan resfriados, con sus pálidas y compasivas piernas crispadas en carne de gallina.

En el libro La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce Echenique, se lee: "Mientras pego mi última meada en casa, recuerdo eso de que ningún peruano mea solo"; ¿les suena a algo familiar?

 

Los ingenuos gringos creen que debajo del río Bravo todos andamos en burro, comiendo frijoles saltarines y rodeados de palmeras; e incluso los estadunidenses creen que ellos son todo América, y que los demás no existimos; país de múltiples razas y, sin embargo, huérfano de autenticidad, pues como bien señaló el escritor español Julio Camba, Estados Unidos ni siquiera es el nombre de un país, sino la ausencia de un nombre, pues es similar a decir: "el señor ese de cabello rojo allá a la derecha".

 

Quizá los únicos que resientan el peso de algo llamado raza sean las minorías en los países del primer mundo (que si las medimos a partir del aumento de inmigrantes, son ya las mayorías), así que más les vale a los kukluxklanes y skinheads del mundo que mejor lancen sus bombas molotov hacia los conglomerados financieros y se vuelvan globalifóbicos, porque los árabes, chinos y sudamericanos, ya en bola, les pueden armar una tercera guerra mundial en su propio territorio.

 

Todos estamos formados con la misma agua, pero hechos con moldes de hielo distintos. ¿Por qué esa diversidad de clasificaciones? Quizá porque todo lo que existe es expresión de la actividad contante y eterna del Principio Creador. Cada minuto nace un mundo nuevo para regocijo del Principio Creador y para que juguemos nosotros, Creaciones Creativas.

 

Al entrar a una pozolería guerrerense o a un kibutz israelí, es seguro que veas a alguien que se parezca a tu hermano Toño, a tu tía Rosa, a una ex-novia, a una vecinita de siete años o a ti mismo. ¿Sabes por qué?

 

 
Rafael Tonatiuh
Milenio.com
Monterrey, Mx
 

No hay Comentarios »


Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>


  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


  • ALEJANDRA PIZARNIK

    • ALEJANDRA PIZARNIK
    • MADRUGADA
      Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro.

  • BANDERA ARGENTINA BANDERA ARGENTINA

    BANDERA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE BANDERA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE
    ESCUDO DE LA PROVINCIA DE SANTA FE ESCUDO DE LA PROVINCIA DE SANTA FE
    BANDERA DE AVELLANEDA BANDERA DE LA CIUDAD DE AVELLANEDA


  • Contacto

  • FRUTA AMARGA
    Si la fruta es amarga
    no es culpable la tierra
    ni es culpable la planta.
    Tiene el hombre la culpa
    que arrojó la semilla
    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
    RESCATE POPULAR


    View My Stats >
    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO