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IDEA Y PRAXIS

Idea y praxis

Carlos Catania

El viento sopla repentinamente en sentido contrario, arrastrando de vuelta las hojas en dirección al idealismo de las ideas, que es el propiamente filosófico. Nada que ver con lo que se dice de un sujeto, en relación con sus actos, que es un idealista, por ejemplo, lugar común del lenguaje cotidiano. Aquí lo dejo.

De las incontables expulsiones de la mente, me interesan los pensamientos no paralizados en el límite de las palabras, es decir aquellos que devienen en praxis aliada a nuevos sentimientos, que no son nuevos; sólo se hallaban sepultados por el miedo común de la ideología reinante, con su batería optimista de éxito y progreso en un mundo derrumbado que continúa pataleando en su empecinada ignorancia consentida, atornillado a “valores” de artificio, a la pestilencia del chisme, a frases hechas, desmañadas, “espirituosas”, que convierten al lenguaje en gárgaras esquizofrénicas eyectadas hacia la Nada. “... la mezquindad del entendimiento, la futilidad de la sinceridad y la desordenada pobreza de imaginación que caracterizan a nuestros tiempos” (Pessoa).

Las dos pasiones tristes de las que habla Spinoza (el temor es lo mismo que su contrario, la esperanza) han pasado a formar parte de la comedia y constante simulación. A menudo he creído haber vivido momentos fecundos en pensamientos, cuando en realidad pretendía huir del peligro. Animado por una energía a resguardo de viejos temores, confundí soledad con idealismo. Andando el tiempo, descubrí que el idealismo a secas es el calco metafísico de un motor apagado. A partir de ahí, fue consciente de nuestro peor enemigo: la melancolía. Busqué entonces conciliar el idealismo (filosófico) con pensamientos existenciales. No descarto que existen multitud de seres empeñados en demostrar que lo anterior no mata a nadie. Hay que entenderlos: esas tropas de cadáveres pertenecen a un linaje de ideal social petrificado. Rompan filas.

Con toda seguridad, los hombres que han legado a la humanidad razones para vivir sin trampas, sabían que debían dejar caer sus ideas donde hubiera bastante profundidad, sin esperar a cambio las consabidas convulsiones de cortesía. Muy optimistas, por cierto. Hoy, en general, se conocen en vida los nombres de las vedettes, sus “pensamientos” y hasta sus orgasmos, y se muere con las anteojeras puestas ignorando la mano tendida de los grandes, las voces de quienes nos sobrepasan y amplían el campo visual de la existencia, le confieren una razón y la dignifican. Por otra parte, mucha cautela, bien que el resplandor que depara una idea profunda, suele quedar atrapado para ser acariciado y sentirnos “mejor”, pero no escapa de esa celda ni inspira una acción consecuente.

Digo esto porque hace años estaba convencido de que el esencialismo (para usar un término menos manoseado que idealismo) constituía la filosofía opuesta al existencialismo. El topos uranos -me decía- es la sublimación de la praxis, su antítesis. Creía incluso que el realismo aristotélico, si intentaba relacionarlo, digamos con Heidegger, Sartre o con el materialismo dialéctico, se desvanecía en las nubes. No es raro que yo estuviera contaminado en esos tiempos por la opinión pública de las interpretaciones filosóficas de la modernidad. Semejante a la actitud de esas personas que recurren a los horóscopos con el fin de lavarse con una ducha de vinagre y recomponer su vida, yo distanciaba de un tajo, por así decir a Parménides de Heráclito, colocando al primero en las rocas y al segundo junto al río (lo que no estaba “del todo” mal).

“Hasta entonces -confiesa Apolodoro-, es decir hasta escuchar la palabra de Sócrates, vagaba al azar de un lado para otro, y en la creencia que hacía algo importante, era más digno de lástima que cualquier otro”. Sí, señor: en mis impulsos de rapacidad, puro fuego, puro asombro, mis ideas se hallaban incrustadas con cierto ensañamiento, en blanco y negro. Consideraba los matices (o ni los tenía en cuenta) como signos de reblandecimiento. De repente, en esta corta mañana del mundo, sin el respaldo de ningún Sócrates, cristalizó en mí la falsa armonía de la historia del pensamiento y de las teorías críticas. Lo mismo que experimenté con los escritores que proclaman cómo debe ser la literatura, que es un modo de justificar la propia.

Nuevamente las hojas fueron barridas por el viento.

Pude ver un poco más claro, no por tratarse del resultado de una educación sentimental, sino por el asombro ante la curiosa coloración que trae consigo una repentina intuición intelectual. Algo así como que descubrí la pólvora.

Fue como si en mis ojos se abrieran dos puertas. Ya no miraba en blanco y negro. Acepté que la filosofía se hace sobre la filosofía. Vale decir que en Sartre habita Platón, de la misma manera que en Marx penetra Hegel. Convencido de que todo esto merece un examen profundo y no una raquítica enunciación, me di a la tarea de indagar las fases de interrelación que anima a los pensadores, desde Anaximandro a Derrida. Tarea para la que no estoy preparado; tarea que me exigiría volver a nacer... dos o tres veces; tarea que no ha salido ni siquiera del pensamiento y que flota en el estanque de la memoria como tantas otras cosas.

El entusiasmo suplía la inexperiencia de la juventud: me deslumbraba tanto Pitágoras como Kant, y así todos los demás. A medida que, con relativa disciplina, pasaba de uno a otro, en ocasiones sin leerlos en su totalidad, me fui convenciendo de que todos hablaban de lo mismo, aunque sus sistemas y objetos definieran ideas en conflicto o discreparan radicalmente. Lo mismo era el Hombre; lo mismo consistía en el esfuerzo por “rehacerlo”, examinar sus pasiones y dolores, su moral y su estupidez milenaria. Etcétera. Pese a que en mis contactos, cierta alegría me impulsaba a otorgarles una decorativa aquiescencia, la pregunta esencial reptaba sin dejarme en paz: ¿cómo se hace?

Hasta que un día me sumergí en el existencialismo (y en menor medida en la fenomenología de Husserl). Entonces creí haber hallado una respuesta, es decir la posibilidad de una praxis que, en última instancia, permitiera no dejarse entrampar por las fórmulas sociales de la mentira, el prejuicio y el odio. Cuando con Juan Manuel Inchauspe descubrimos “El mito de Sísifo” y “El hombre rebelde” esa noche brindamos por Camus. Aquella frase inicial: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva, es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”, nos quitó el sueño por un buen tiempo. Más tarde...

Dejemos, por el momento, que las hojas se agiten.

(Fragmento de “Las hojas”)

Las dos pasiones tristes de las que habla Spinoza (el temor es lo mismo que su contrario, la esperanza) han pasado a formar parte de la comedia y constante simulación.

Con toda seguridad, los hombres que han legado a la humanidad razones para vivir sin trampas, sabían que debían dejar caer sus ideas donde hubiera bastante profundidad.z

PUBLICADO EN DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


  • ALEJANDRA PIZARNIK

    • ALEJANDRA PIZARNIK
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      Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro.

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    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
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    por su programa radial
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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.