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EL CRIMEN OCCIDENTAL

VIVIANE FORRESTER

 

El crimen occidental

Viviane Forrester 

EL CRIMEN OCCIDENTAL 

El horror que había hecho centro en mí era europeo.

 VIVIANE FORRESTER, Ce soir, après la guerre.  

COLABORACIÓN  DE LAURA VIZCAY  

¿Cómo olvidar el horror europeo, exorcizar sus huellas, susestremecimientos? ¿Cómo encubrir la persistencia de sus pulsionesoriginales y, sobre todo, cómo seguir considerando la era nazi comouna monstruosidad episódica, vergonzosa, vencida, erradicada, a laque bastaría con oponer en lo sucesivo la letanía de los “Esto nuncamás”? 

La heroica virtud de esta declaración, pronunciada con el mentónfirme, la mirada intrépida, nos ahorra analizar, definir “esto”, vislumbrarla diversidad de formas que puede asumir y qué incluye de nuestraspropias marcas.

La energía de esta expresión, que no responde tanto alcariz de un anhelo, de una decisión, como al de una constatación,permite tomar ese deseo fervoroso, esa intención vaga y perentoria -ese wishfull thinking, como se diría en inglés- por un compromiso yarealizado, una misión cumplida, una conclusión adquirida, un escudosuficiente que nos emancipa y libera de cualquier vigilancia. Cronologíaperfecta: Tercer Reich, guerra, aliados victoriosos, el problema estáresuelto. 

Hay un detalle, sin embargo, una laguna, que va en contra de esteepílogo: la guerra contra el nazismo no ha tenido lugar. La Alemaniaconquistadora fue combatida, con retraso, mediante las armas, y fuevencida: no hubo una insurrección interior notoria en oposición alrégimen nazi ni una sublevación general, universal, en su contra, asícomo tampoco una repulsión instintiva, un rechazo deliberado, y sinduda ninguna resistencia internacional espontánea, inmediata, dirigidacontra la doctrina y los actos de Hitler a partir de 1933, ni siquiera en elmomento en que no se cuestionó el derecho de injerencia. 

A modo de reacción, en 1938, cuando esos actos y esa doctrina ysus delirios se desplegaban desde hacía cinco años, se celebraron afines de septiembre la Conferencia de Múnich -ese consentimientooficial, apresurado y hasta obsequioso, y sobre todo traidor, de losgobiernos francés e inglés a la política expansionista del Reich, sin quese pusiera en tela de juicio o se mencionara siquiera la barbarie nazi yaampliamente manifiesta- y la Conferencia de Évian, celebrada del 6 al15 de julio, durante la cual 33 países reunidos por Estados Unidos1 ibana ponerse de acuerdo sobre la ampliación de sus cupos de inmigracióncon el objeto de poder acoger a los judíos víctimas de la ideologíahitleriana.

Todos, salvo Holanda y Dinamarca, se negaron -EstadosUnidos en primer lugar- a considerar la menor flexibilidad de los magroscontingentes ya autorizados. Al contrario, después de la conferencia, laArgentina, el Uruguay, México y Chile redujeron sus tasas deinmigración. Cada país había expresado los motivos de su rechazo.Australia, olvidando alegremente a sus aborígenes y el trato que se leshabía infligido, declaró que nunca había experimentado ningúnproblema racial y que quería evitar “crear uno”.* Y fue ese país el que,inmediatamente después de la guerra, hizo publicar en la prensainternacional anuncios en los que solicitaba encarecidamente quefuesen a poblar sus territorios menos habitados, los que ponía adisposición de los nuevos inmigrados. 

En cuanto a Francia, se declaró “saturada”. Por otra parte, el senadorHenri Bérenger escribió a su ministro: “¿Le interesa a Francia aparecercomo el asilo oficial de todos aquellos que Alemania considera susenemigos naturales? Se introduciría un elemento de antagonismocultural y racial de manera permanente en las relaciones francoalemanas”.Bérenger ya se había inquietado por tener que dejar entrara los “desechos de la inmigración austríaca o alemana”. En conclusión,la delegación podía felicitarse: había “logrado plenamente evitarcontraer algún compromiso concreto”.

 Recordemos que en 1938 Hitler no sólo todavía consentía laemigración de los judíos alemanes, sino que la reclamaba, como en eldiscurso pronunciado en Königsberg: “Estamos dispuestos a poner aestos criminales [los judíos] a disposición de esos países, y hasta enbarcos de lujo. Poco importa”. Evidentemente, para ellos se trataba deuna cuestión de salvación. De una salvación todavía posible. El Führer no se privó de burlarse del “llamado del presidenteRoosevelt a los otros países, mientras que Estados Unidos mantiene supropio contingente de inmigración”.

 O bien de ironizar: “Si existe un paísque estime que no tiene suficientes judíos, estaría feliz de enviarle atodos los nuestros”. Ni Goering se priva de citar: “El Führer les va adecir a los otros países: ‘¿Por qué hablan ustedes siempre de los judíos? Tómenlos’”. En el Consejo de Ministros del 12 de noviembre de1938, Goebbels se reía sarcásticamente:

Es curioso comprobar que los países cuya opinión pública se alza a favor de losjudíos siempre se niegan a recibirlos. Dicen que ellos son los pioneros de lacivilización, de los genios de la filosofía y de la creación artística, pero cuando seles quiere hacer aceptar a estos genios, cierran sus fronteras. 

Este repudio (colectivo) correspondía a un consentimiento tácito de losensañamientos antisemitas en curso, a una desaprobación de losperseguidos, a una complicidad con lo absurdo; se podría decir que auna fraternidad sorda con sus opresores: un vínculo, en suma, con elsíntoma fundador de la dictadura del Tercer Reich. La prensa nazi no loentendía de otra manera. Por ejemplo, en el Danziger Vorposten sepodía leer: 

Nosotros comprobamos que hay un gusto por sentir compasión por los judíoscuando se alimenta así una agitación maliciosa frente a Alemania, pero ningúnEstado está dispuesto a luchar contra la tara de Europa Central aceptando aalgunos miles de judíos. La Conferencia de Évian es por tanto una justificación dela política alemana. 

En suma, las democracias occidentales daban carta blanca a Hitler demanera implícita en lo que respecta a esos judíos decididamentemolestos. Rechazados. Aunque oficialmente antirracistas, y hasta moderados, los gobiernosde las grandes potencias dieron muestras de una debilidad patológica,colindante con el masoquismo, frente al dictador naciente que aún nose había afirmado. De su parte no hubo sino negaciones,complacencias, apostasías.

Estupefactos por las puestas en escenamagistrales de Hitler, sus dirigentes parecían formar un círculo a sualrededor para buscar sus favores, crédulos y temblorosos, ávidos deengatusarlo. Ni rastros de indignación, de protestas frente a lossaqueos, a las humillaciones, a las persecuciones públicas de judíos yhasta con carteles, a sus detenciones en masa al mismo tiempo que lasde los opositores al régimen, a la reclusión de esos mismos judíos y deesos mismos opositores en cárceles o en campos de concentracióncreados con este fin, como los de Dachau desde 1933, los deBuchenwald en 1937, en Alemania, o inmediatamente después delAnschluss el de Mauthausen en 1938 en Austria. 

Pero tampoco se puso ningún obstáculo (a lo sumo algunasprotestas tímidas y breves) a la política extranjera del Reich, a propósitode la cual el derecho de injerencia no se ponía sin embargo en juego.Ningún obstáculo en 1934 al rearme de Alemania en violación del Tratado de Locarno y contra la ocupación de Renania.2 Ese mismo añotuvieron lugar los Juegos Olímpicos en Berlín. Los atletas del mundoentero participaron oficialmente. Éxitos prodigiosos de propaganda.

La única condición impuesta por el Comité de los Juegos: los campeonesalemanes judíos deben participar, pero, detalle que parece no perturbara nadie, estos campeones (que tenían prohibido utilizar pistas dedeportes y cualquier medio para su entrenamiento), desde el añoprecedente, son despojados por las leyes de Núremberg de suciudadanía y de sus derechos civiles, como todos los alemanes judíos.Las mismas leyes prohíben, entre otras cosas, todo matrimonio orelación sexual entre judíos y arios bajo pena de cárcel. 

En 1938, ninguna reacción ante la anexión de Austria por parte delReich, “una violación”, según la expresión ulterior de Winston Churchill,y el mismo año, ante el anuncio de una invasión a Checoslovaquia -invadida con la bendición general, y en particular con la de Francia-,como vimos: fue Múnich la que pisoteó así el pacto de asistencia mutuaque vinculaba a los dos países. 

(continuará)

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


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  • FRUTA AMARGA
    Si la fruta es amarga
    no es culpable la tierra
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    Tiene el hombre la culpa
    que arrojó la semilla
    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.