Preocupantes cifras de la violencia contra la mujer

Un dato revelado semanas atrás puso en cifras una realidad que es cotidiana en muchos hogares aunque no siempre trascienda a la opinión pública: al menos 81 mujeres murieron en los primeros siete meses de este año en el país a manos de su pareja, ex pareja o algún miembro de la familia. La cifra surge de un relevamiento realizado por Amnistía Internacional y suma los casos que fueron publicados en distintos medios argentinos, de manera que permite suponer que es aún mayor, si se considera que no todos los hechos de violencia doméstica llegan a materializarse en una denuncia, ni tienen difusión.
Del mismo relevamiento surge que 11 mujeres sufren algún tipo de violencia cada semana; que cada tres días, dos mujeres padecen violencia física que, en algunos casos, implica la muerte; que por día una mujer sufre violencia sexual; que cada cinco días, cuatro mujeres sufren violencia doméstica y que cada cinco días, son asesinadas dos mujeres por violencia doméstica.
En el año 2001, Naciones Unidas definió el femicidio como "el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género, que ocurre tanto en el ámbito privado como público; comprende aquellas muertes de mujeres a manos de sus parejas, ex parejas o familiares, asesinadas por acosadores, agresores sexuales y/o violadores, así como de aquéllas que trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la acción femicida". Sin embargo y a pesar de estar tipificado y corroborado como tal, esta modalidad de violencia aún no es visibilizada en toda su magnitud.
Así es como subsiste aún en el discurso público e incluso en el que se expresa a través de algunos medios de comunicación, un empecinamiento por relativizar la gravedad del tema. Entonces, se sigue definiendo como crimen pasional la muerte de una mujer a manos de su pareja; se sigue poniendo el foco en la vida privada de la víctima más que en condenar el asesinato el sí, y se sigue atribuyendo a los celos un comportamiento criminal, que en no pocos casos se fue anticipando a través de denuncias que pasaron inadvertidas para quienes hubiesen podido evitar que el hecho se consumara.
La reforma de 1994 otorgó rango constitucional a la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, conocida como convención de Belem do Pará. Sin embargo, cabe preguntarse qué acciones concretas se desarrollaron desde entonces para que la letra escrita se lleve efectivamente a la práctica, qué capacitación específica se hizo en el ámbito de la salud y de los agentes policiales y judiciales para detectar y derivar de manera adecuada estas situaciones, qué recursos se adjudicaron para articular redes de prevención de la problemática y de contención y sostenimiento de las víctimas, qué presencia tiene el tema en el ámbito educativo -que es donde pueden comenzar a desterrarse conductas y discursos discriminatorios hacia las mujeres- y qué avances se produjeron en pos de contar con una información estadística certera. Precisamente, estos últimos son dos de los cuatro puntos en los que Amnistía Internacional pidió al Estado argentino que se enfoque, junto con la necesidad de crear una mesa estatal contra la violencia de género, y de condenar públicamente la violencia contra las mujeres como una violación de los derechos humanos, que es en el rango en que estos crímenes deben estar ubicados.
Publicado por DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE


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