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¿De qué raza?

¿De qué raza?

El primer jodido por el colonialismo europeo fue, curiosamente, un español; horas después les tocaría el turno a los mal llamados "indios".

Miguel Bonasso.

http://criticadigital.com/

El primer jodido por el colonialismo europeo fue, curiosamente, un español; pocas horas después les tocaría el turno a los mal llamados “indios”. Ocurrió en la madrugada del 12 de octubre de 1492 y el historiador norteamericano Howard Zinn narra la truchada con maestría poética en su libro La otra historia de los Estados Unidos.

LAS CARABELAS DE COLON

“Entonces, el día 12 de octubre, un marinero llamado Rodrigo vio la luna de la madrugada brillando en unas arenas blancas y dio la señal de alarma. Eran las islas Antillas, en el Caribe. Se suponía que el primer hombre que viera tierra tenía que obtener una pensión vitalicia de 10.000 maravedís, pero Rodrigo nunca la recibió. Colón dijo que él había visto una luz la noche anterior y fue él quien recibió la recompensa”.

Rápido el mercader genovés, Cristoforo Colombo. Es una lástima que el Billiken y las láminas escolares que nos lo muestran bajándose del bote con la cruz y la espada no nos contasen la otra historia. Es una lástima que la página web del Ministerio de Educación de la República Argentina siga evocando el Día de la Raza con la vera efigie del Almirante del Mar Océano, a quien los muy católicos reyes de España le habían prometido un “diego” de todo el oro que pudiera encontrar en Asia, o más precisamente en la India.

Salvo que el codicioso navegante –lo suficientemente culto como para saber que la Tierra era redonda– no podía imaginar que se había tropezado en el viaje con un continente desconocido para los europeos. Aunque no para sus habitantes, que sumaban en aquellas fechas unos 65 millones de seres humanos.

Pronto, muy pronto, el genocidio más grande de la historia reduciría drásticamente esa cifra. Quinientos años más tarde, España celebró con toda pompa lo que llamó “el encuentro de dos mundos”. Algunos intelectuales latinoamericanos prefirieron denominarlo “encontronazo”. Colón contó de esta manera sus impresiones de aquel 12 de octubre:

“Nos trajeron loros y bolas de algodón y lanzas y muchas otras cosas más que cambiaron por cuentas (vidrios de colores) y cascabeles de halcón. No tuvieron ningún inconveniente en darnos todo lo que poseían. Eran de fuerte constitución, con cuerpos bien hechos y hermosos rasgos. No llevan armas, ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. Serían unos criados magníficos. Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos”.

Y lo hicieron, nomás, empezando por esos gentiles arahuacos de las Antillas. Como bien lo recuerda Howard Zinn en el libro citado, Cristóbal Colón les vendió a los Reyes Católicos que las Indias serían una fuente inagotable de oro y esclavos. Y de este modo obtuvo el apoyo real para su segunda expedición, compuesta por diecisiete navíos y tripulada por mil doscientos hombres. “El objetivo era claro: obtener esclavos y oro. Fueron por el Caribe, de isla en isla, apresando indígenas.(…) En el año 1495 realizaron una gran incursión en busca de esclavos, capturaron a mil quinientos hombres, mujeres y niños arahuacos, los retuvieron en corrales vigilados por españoles y perros, para luego elegir a los mejores quinientos especímenes y cargarlos en naves. De esos quinientos, doscientos murieron durante el viaje”.

Establecido en Haití, afiebrado por el oro que no aparecía más que en pequeñas cantidades, Colón ordenó que les cortaran las manos a los “indios” que las traían vacías. Comenzaron las fugas y las persecuciones con perros. También los suicidios en masa con veneno de yuca. Los arahuacos mataban a los niños para librarlos de los españoles. En dos años la mitad de los 250 mil indígenas de Haití habían muerto por asesinato, mutilación o suicidio.

Hubo un conquistador, de los que llegaron a Cuba en una de las primeras expediciones, que adquirió conciencia y se convirtió en el gran cronista de la masacre: fray Bartolomé de las Casas. “Mientras estuve en Cuba –escribe el fraile humanista– murieron 7.000 niños en tres meses. Algunas madres incluso llegaron a ahogar a sus bebés de pura desesperación. De esta forma, los hombres morían en las minas, las mujeres en el trabajo, y los niños de falta de leche. En un breve espacio de tiempo esta tierra, que era tan magnífica, poderosa y fértil quedó despoblada. Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana, y ahora tiemblo mientras escribo.”

Era en verdad para temblar lo que vio el buen fraile cuando llegó a la Hispaniola en 1508: “Entre 1494 y 1508 habían perecido más de tres millones de personas entre la guerra, la esclavitud y las minas. ¿Quién se va a creer esto en futuras generaciones?”.

“El Almirante –dice también– fue tan ciego como los que le vinieron detrás, y tenía tantas ansias de complacer al rey que cometió crímenes irreparables contra los indígenas.” Y lo ejemplifica: “Dos de estos supuestos cristianos se encontraron un día con dos chicos indígenas, cada uno con un loro, les quitaron los loros y para su mayor disfrute, cortaron las cabezas a los chicos”.

La España que “descubrió” América acababa de unificarse como otros estadosnación europeos. La inmensa mayoría de sus pobladores eran campesinos que trabajaban para la nobleza, que constituía el dos por ciento de la población pero era dueña del noventa y cinco por ciento de la tierra.

El llamado “descubrimiento de América” no sólo completó la cartografía occidental de la época, estableció un Reich de quinientos años que aún perdura, con distintos turnos imperialistas. La colonización del nuevo continente y la consecuente exacción de sus riquezas fue un componente esencial para el tránsito de la sociedad feudal a la sociedad capitalista.

Se generó lo que Immanuel Wallerstein llama la economía-mundo, que se iría articulando cada vez más –al compás del desarrollo científico y tecnológico– hasta llegar al vértigo de la actual “globalización”.

Es muy significativo, por cierto, que este nuevo aniversario de la llegada de Colón coincida con una de las crisis más profundas y devastadoras del sistema capitalista. Una crisis que está lejos de concluir y que se traslada, cada vez con mayor claridad, desde el ámbito financiero hasta el conjunto de lo que llamamos la economía real.

Seguramente no será la última. No es necesario ser alarmista para avizorar en algunas pocas décadas una catástrofe ambiental y guerras aún más extendidas y crueles que las actuales por la posesión de los recursos naturales. En 1926, Fritz Sternberg, un socialdemócrata austríaco que proponía un sistema alternativo al capitalismo occidental y el “socialismo real” de los soviéticos, predijo en su libro El imperialismo, que los pobres de la Tierra (pueblos y naciones) se verían enfrentados al sistema capitalista mundial, no ya por razones ideológicas o éticas, sino por una cuestión de simple supervivencia.

Comentarios(2) »


  1. Generic Viagra 10-12-2009 - 22:46:55 GMT 3

    * El Capítulo 1 trata sobre lo que Restall llama "el Mito de los Hombres Excepcionales", es decir, la creencia en que la conquista española fue posible gracias a individuos sobresalientes como Colón, Cortés y Pizarro, con su valor y estrategias innovadoras. Restall demuestra que, al contrario, las técnicas de conquista y colonización utilizadas por los primeros exploradores españoles habían sido desarrolladas durante al menos un siglo de expansión colonial por España y Portugal, y constituían de hecho un mero procedimiento estándar.

    * El Capítulo 2 trata sobre lo que Restall llama "el Mito del Ejército del Rey", o la creencia en que la conquista española fue realizada bajo las órdenes del Rey de España y en que los conquistadores fueron los soldados españoles. Restall asegura que de hecho los conquistadores no eran españoles, pues no existía la nacionalidad española en ese entonces (es más, los reinos de Castilla, Navarra y Aragón eran partes constituyentes del Imperio de los Habsburgo); así como tampoco se los podría considerar como soldados en el sentido militar de la palabra, sino más bien como un grupo de señores feudales con sus respectivos sirvientes, pajes y mercenarios.

    * El Capítulo 3 trata sobre "el Mito del Conquistador Blanco", la creencia en que la conquista española fue realizada por un pequeño número de españoles blancos. Restall explica que gran parte de las operaciones militares de los españoles fueron llevadas a cabo por sus aliados indígenas, que los superaban en número en razón de varios cientos a uno. También demuestra que hubo algunos

    conquistadores de origen africano o moro.

    * El Capítulo 4 se refiere al "Mito de la Consumación", es decir, la creencia en que casi toda América quedó bajo control de los españoles en apenas unos pocos años a partir del contacto inicial. Restall dice que, por el contrario, grupos de indígenas que nunca fueron conquistados subsistieron durante varios siglos (algunos incluso hasta nuestros días). Por ejemplo Tayasal, la última ciudad independiente de los mayas, no fue conquistada hasta 1697. Asimismo, en otras áreas de Hispanoamérica el control español nunca fue absoluto y se produjeron continuas rebeliones.

    * El Capítulo 5 trata sobre lo que Restall llama "el Mito de la (In) Comunicación", o la creencia en que los españoles y los nativos tenían una comunicación perfecta entre sí y que cada grupo entendía las palabras e intenciones del otro sin problema, o en que, por el contrario, muchos eventos cruciales de la conquista fueron resultado de malos entendidos entre ambas partes. Restall explica cómo la comunicación entre los dos grupos al principio fue muy difícil, y los díalogos entre las partes recogidos en fuentes secundarias no se pueden interpretar como registrados de manera exacta. También demuestra que no se puede decir que los nativos malinterpretaron las intenciones de los españoles, ya que por el contrario entendían muy bien cómo trabajaban los españoles incluso en la fase inicial de la conquista.

    * El Capítulo 6 aborda el "Mito de la Desolación Nativa", la creencia en que los indígenas de América se resignaron a su destino, se incluyeron en el nuevo orden europeo y dejaron de existir como grupos étnicos. Restall también afirma que muchos pueblos indígenas nunca se sintieron "conquistados" sino que formaron una especie de alianza con los españoles para beneficiarse mutuamente, como es el caso de la mayoría de las fuerzas indígenas aliadas que ayudaron a Cortés a derrotar a los aztecas.

    * Finalmente, el Capítulo 7 se refiere al que Restall llama "el Mito de la Superioridad", o la creencia en que el éxito de la conquista española se debió o bien a la supuesta superioridad tecnológica de los españoles o bien a una especie de superioridad cultural inherente a los mismos, y que por lo tanto la victoria española era inevitable. Según Restall, las ventajas tecnológicas tales como las pistolas, cañones, armaduras de acero e incluso el uso de caballos y perros no tuvieron una importancia decisiva en los enfrentamientos, ya que los españoles disponían de ellas en poca cantidad, y además los aztecas no se desanimaron ante ellas por mucho tiempo. También refuta la noción de que la falta de una escritura alfabética perjudicó a los indígenas, y la creencia en que los indígenas eran inocentes, ingenuos o cobardes en comparación con los españoles, tal como los describen las fuentes españolas. Restall argumenta que los factores detrás del éxito de los conquistadores fueron en gran parte el efecto devastador de las enfermedades europeas, frente a las cuales los indígenas no tenían resistencia, la desunión entre los grupos indígenas (algunos incluso se aliaron con los españoles), la ventaja tecnológica que significó la espada de acero y, sobre todo, el hecho de que los indígenas peleaban en su propio territorio con la responsabilidad de proteger a sus familias y cultivos, razón por la cual tenían que combatir con más rapidez.

  2. viagra online 05-02-2010 - 19:33:34 GMT 3

    Entonces, el día 12 de octubre, un marinero llamado Rodrigo vio la luna de la madrugada brillando en unas arenas blancas y dio la señal de alarma. Eran las islas Antillas, en el Caribe. Se suponía que el primer hombre que viera tierra tenía que obtener una pensión vitalicia de 10.000 maravedís, pero Rodrigo nunca la recibió. Colón dijo que él había visto una luz la noche anterior y fue él quien recibió la recompensa”.

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
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  • FRUTA AMARGA
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    Tiene el hombre la culpa
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    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.