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LAS VUELTAS DE LA CALESITA - FINAL II

 

 

 

Continuación de  http://homero-alcibiades.nireblog.com/post/2008/10/08/las-vueltas-de-la-calesita

 

 

INFIERNO

 

 

Final II

 

El muchacho que atendía la calesita se retiró, quedando confinado yo tras el cerco cerrado,  y permanecí en mi banco que había ocupado por varias horas, aunque no resultaba difícil sortear el obstáculo del perímetro para salir de allí.

 

Con las luces de la noche, veo más allá del recinto, en una vereda y bajo un árbol, a toda mi familia, que me observaba; estaban allí mi mujer y mis hijos, mi madre, algún cuñado, mis hermanas; en todos había mirada de pesar, tristeza, vergüenza y reproche. Bajé mi cabeza y permanecí así unos minutos meditando, pero cuando volví mi mirada al lugar de la congregación, estos personajes se habían desvanecido.

 

Comencé a sentir unos dolores musculares, calambres y contracturas; sentía que me iba metamorfoseando; sonidos anormales, ruidos de cosas que se rompen, y un descontrol muscular y óseo cual si un artista plástico me estuviese moldeando.

 

Cuando se calmó un poco el barullo, atiné a mirar que me había pasado, y me veo convertido en un horripilante monstruo, enclavado en el banco de madera; el aspecto era el de un pez raya, comprobando que tenía la boca en la parte ventral, como suelen tenerla esos animales; la cola terminaba en un tridente, y cubría mi dorso una piel parecida a la de los cocodrilos;  de la parte delantera me salían dos cuernos alargados, en cuyos extremos bailaban un par de globos oculares humanos, que me permitían distinguir toda la escena. En mi lomo había como una  fuente bronceada, en la que ardían brasas,  en cuyo crepitar despedían chispas y un fuerte humo, con olor desagradable y sulfuroso. Mi boca babeaba un líquido verdoso, casi fluorescente, que caía a los tablones del piso.

 

 

La única parte móvil que poseía, eran mis ojos, que se bamboleaban en el desconcierto.

Poco a poco se fueron extinguiendo los carbones encendidos, hasta quedar reducidos a cenizas. Sentía que mi cuerpo se relajaba, y aunque no cambiaba el aspecto monstruoso, sus perfiles se iban suavizando, al adquirir es aspecto de una estatua de yeso. En eso quedé finalmente, conteniendo alguna parte viva de mi, que me permitía presentir lo que ocurría a mi alrededor, escuchar voces, pero todo envuelto en la más completa oscuridad. 

 

Las primeras voces que escuché, debieron ser de agentes de policía, por la jerga que usaban, y estuvieron un rato tomando mediciones, haciendo llamadas por celulares y radios.

Finalmente uno dijo: -Bueno, no sabemos nada del loco que abulonó este esperpento al banco. Llamemos a los bomberos para que limpien esto.

 

Escuché entonces el ruido de un golpe, y un quejido, y alguien que exclamaba - ¡Guarda con esa mierda verde!

 

Alguien la había pisado, y resbaló provocándose contusiones y heridas. Sirenas de ambulancias y bomberos ,  se hicieron notorias al llegar al lugar; con alguna herramienta cortaron los tornillos que sujetaban al bloque de yeso, para finalmente sentir que soy arrojado a la caja de un camión, en la cual la figura se parte en dos pedazos, por las expresiones que oigo: - Mirá, estaba relleno de esa porquería verdosa. Tengan cuidado no sea tóxica o algún ácido cáustico.

 

El traqueteo del camión se detuvo; posiblemente tenía una caja volcadora, porque caí envuelto en otros escombros o restos de basura, en un sitio que desconocía. Alguien dijo entonces: -Que nombre raro le han puesto a este basural... Gehema...

 

Creo que permanecí varios días allí, localizando de tanto en tanto los pasos de cartoneros, linyeras, acopiadores de basura, o sintiendo la descarga de otros desperdicios que  se amontonaban a mi alrededor.

 

Entonces un día de viento comenzó el fuego; mucho material combustible alrededor, porque las llamas eran persistentes y voraces; duraron mucho tiempo; primero hicieron estallar partes del yeso, hasta que finalmente lo redujeron a cenizas; en alguna porción de esas cenizas, permanecía alguna neurona mía, porque aún en ese estado, podía tener percepción de algunas cosas que ocurrían en el basural.

 

Un día oigo pasos, voces, y luego el sonido de una pala, una y otra vez y la voz que decía: -Esta tierra es buena; cargá unas paladas de ese lugar; nos servirá para nuestra plantación. Así fue, que mezcladas con tierra, mis cenizas fueron a parar a una bolsa. Ya mi ser estaba desmembrado hasta lo imposible, pero supe que me transportaban a algún lugar, que tal vez sería mi morada definitiva.

 

Me esparcieron mezclado con la tierra, en un pozo donde cuidadosamente plantaron las raíces de un árbol; a medida que iban rellenándolo de tierra, fertilizantes y plaguicidas, fui perdiendo contacto con el mundo exterior.

 

Nunca sabría si el árbol crecería, si daría frutos o al menos sombra, o si se secaría como la higuera maldita de hace dos mil años.

 

Nunca lo supe...

  

 

          

(continuará)

 

Continúa en http://homero-alcibiades.nireblog.com/post/2008/10/14/las-vueltas-de-la-calesita-final-iii-%e2%80%93-parte-i

HOMERO ALCIBIADES RACETO

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


  • ALEJANDRA PIZARNIK

    • ALEJANDRA PIZARNIK
    • MADRUGADA
      Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro.

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  • FRUTA AMARGA
    Si la fruta es amarga
    no es culpable la tierra
    ni es culpable la planta.
    Tiene el hombre la culpa
    que arrojó la semilla
    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
    RESCATE POPULAR


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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.