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SESENTA VECES SESENTA

SESENTA VECES SESENTA

No, no se trata de un error en el título. No es lo mismo que Setenta veces Siete. “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt18, 22). Esto tenía que ver con un llamado al perdón, la reconciliación y la caridad. En el contexto semita el número siete era el símbolo de la plenitud. En el conjunto de los números naturales, el número siete es un número primo. Un siete era también la rotura de nuestro pantalón o camisa, provocada por el descuido al cruzar un alambrado de púas. El número seis corresponde a Adán, al hombre. Gn 1:27-31 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” En esta simbología, 666 es el número de la bestia. Ap13:18 “Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.”. En el terreno de los juegos de azar, y relacionado con los sueños y la quiniela el número sesenta es la Virgen. También puede ser la Monja, si se refiere a oficios o estados de la persona.

En realidad yo me estoy refiriendo al año 1960. Fue un año bisiesto, con 366 días, que transcurrieron uno a uno, pese a los tremendos pronósticos de algunos avivados y otros desorientados. En efecto, en mi pueblo, se hablaba del inminente “fin del mundo” para ese año, o en el mejor de los casos, en la ocurrencia de “tres días de tinieblas”, para lo que se aconsejaba proveerse de víveres, y tener suficiente abastecimiento de velas u otro elemento de iluminación, aunque según algunos, de poco servirían, ya que en esos días las tinieblas serían totales, absolutas, y el fuego se negaría a encenderse, los candiles y lámparas a alumbrar. Tinieblas absolutas, sí, pero en la mente de estos profetas.

Hacía un año que había triunfado la revolución cubana, con Fidel Castro a la cabeza, mientras que el “Che” Guevara, con apariencia salvaje, romántica y revolucionaria, se convierte en la mano derecha de Castro, y es el embajador de la exportación de la revolución a los demás países de América. Estados Unidos iniciaría en ese año el embargo comercial a Cuba.

El comunismo era una mala palabra en argentina. Al menos en mi pueblo, de arraigo profundamente cristiano y católico (más allá de las hipocresías), no se señalaba tanto el sistema económico que condenaba al capitalismo, sino la conducta atea y anticlerical de los revolucionarios.

Estaba en la presidencia el Dr. Arturo Frondizi, que declaró proscrito al Partido Justicialista, (que por supuesto nada tenía que ver con el marxismo), en un intento de tranquilizar a los militares. Tenía como ministro de hacienda a Alvaro Alzogaray, con quien “había que pasar el invierno”. En la provincia de Santa Fe, gobernaba el Dr. Sylvestre Begnis y en mi pueblo asumía como presidente comunal Don Máximo Vicentín.

John Fitzgerald Kennedy es elegido como el trigésimo quinto presidente del imperio del norte, aunque gobernaría desde el año 1961 hasta 1963, cuando fue asesinado.
Año también en que fue secuestrado en nuestro país Adolf Eichman, a cuyo cargo había estado la logística del transporte del holocausto Nazi.

Moría William Clark Gable y nacía Antonio Banderas. Otro desconocido que nacía era un tal Diego Armando Maradona. Se estrenaban las películas Psicosis de Alfred Hitchcock y La dolce vita de Federico Fellini. Se formaba en Liverpool el grupo de rock más popular de la historia, que tendría una corta vida de diez años: The Beatles.

El Club de los diablos rojos de Avellaneda, Buenos Aires, Independiente, lograba el campeonato de la primera división del fútbol argentino; Acevedo, Maldonado y Navarro son algunos de los nombres destacados del plantel.

Aunque yo por entonces no me había percatado de eso, había sido lanzada al mercado la primera píldora anticonceptiva.

ERNESTO "CHE" GUEVARA

ERNESTO CHE GUEVARA




En 1960, de acuerdo a la legislación civil y eclesiástica, comenzaba yo a tener “uso de razón”. Esto significaba que mi conciencia podía discernir entre el bien y el mal, que podía entender algunos conceptos básicos, y que podía elegir dentro de una limitada libertad. Por lo tanto comencé a concurrir a la escuela primaria, y fue el año en el cual tomé mi primera comunión, previa confesión desde luego. Confesión que por mandato materno, se repetía luego cada sábado, para poder comulgar en perfecto estado de gracia, en la misa del domingo. Esta confesión se hacía en esos antiguos confesonarios, que consistían en un compartimiento de madera, perfectamente trabajada, labrada y pulida, con figuras bíblicas y otros símbolos; una puerta en el frente, y dos ventanillas a los costados con algún elemento que dificultaba la visión entre el cura y el penitente. A los niños, por lo general, nos hacían arrodillar frente al cura, que estaba sentado en el banco del confesionario, en el cual permanecía entonces la puerta abierta; detrás de quien le tocaba el turno, estaba toda la fila de los otros chicos que esperaban el suyo, y dependiendo del ánimo o sordera del cura, escuchaban todo el culebrón.

El rito consistía en una preparación previa en casa, donde se leía el cuestionario del examen de conciencia, impreso en el librito de tapas nacaradas, que nos habían regalado el día de la primera comunión. El resultado del examen era siempre el mismo, así que el recitado de la confesión era más o menos el siguiente:

“Hace siete días de mi última confesión.” Luego de este introito se comenzaba con la descripción de los pecados: desobedecí a mis padres (no estaba seguro de haberlos desobedecido, pero por las dudas se confesaba esta acción); tuve peleas con mis hermanos o con mis compañeros (por lo general las peleas no pasaban de alguna discusión o entredicho en medio de algún juego); dije mentiras, me quedé con algún vuelto, podía ser una variante común; dije “malas palabras” era una confesión infaltable, más halla de que uno usara un lenguaje correcto; y luego usaba el eufemismo “tuve pensamientos y deseos impuros o deshonestos”, que una vez confesado, podían venir de parte del cura, una serie de inquisiciones y de pedido de detalles; finalmente, para quedar completamente tranquilo de cumplir con una confesión buena, decía: no recuerdo otro pecado, padre. Según quien era el sacerdote, venía luego algún consejo, alguna reprimenda y la imposición de la penitencia, seguida inmediatamente de la absolución.
Me iba entonces a los bancos vacíos del templo, para cumplir con la penitencia, que dependía también del cura que me había tocado en suerte; consistía en los casos más leves en el rezo de un Padrenuestro, Ave María y Gloria, hasta la repetición de cinco o diez veces estas oraciones, obedeciendo a la “gravedad” de las faltas confesadas, o al humor del sacerdote.

CONFESIONARIO

CONFESIONARIO




De las cuestiones que relataba en la primera parte, me enteraba gracias a que en nuestra casa, había una maravilla de aparato: la radio. Edison y Marconi tuvieron que ver con este invento, orientados por investigaciones de Hertz; consistía en una gran caja de madera, con un frente de formas trabajadas artísticamente, y con un panel donde por lo menos había cuatro perillas, de gran tamaño. Una era para el encendido, la otra para el volumen y la modulación del tono, luego la que movía el condensador del circuito sintonizador, para elegir las diferentes emisoras, y por último una que permitía, cambiar el rango de frecuencias, para escuchar en Onda Media o Amplitud Modulada (Onda larga se le decía por entonces) o cambiar a las altas frecuencias que permitían escuchar transmisiones de “Onda Corta”, con la que se podían captar emisoras de distintas partes del mundo. La frecuencia modulada no existía por entonces, pero había aparatos de radio tan bien construidos, de los que se obtenía un sonido excelente; eso siempre y cuando las condiciones atmosféricas lo permitieran, porque bastaba cierta actividad eléctrica en la atmósfera, para que las “descargas” tapen casi totalmente el sonido de las palabras o música a escuchar.

Las primeras transmisiones en Argentina, habían comenzado en el año 1920. En la época de la que les estoy contando, el aparato que había en mi casa, funcionaba a “válvulas”. Estas eran unas ampollas de vidrio, similares a lamparitas de iluminación, con un filamento que calentaba produciendo emisión de electrones, y que cumplían distintas funciones (preamplificación, amplificación, detección de frecuencia) a través de sus varias terminales insertadas en zócalos, sobre un chasis de zinc, y de allí conectadas al resto de la circuitería. El aparato se alimentaba con una batería, similar a las usadas hoy día por los automóviles, aunque de dimensiones más generosas, revestidas de caucho, y con pesadas placas de plomo en su interior, que debían recargarse periódicamente, siendo en Avellaneda el más recordado taller de carga de baterías, el del colorado Peyró y el otro correspondía al dueño del servicio técnico de estos aparatos, de apellido Pagura.

Era común que la gente se juntara en alguna casa, para compartir los informativos, ya que todos no poseían el preciado aparato; en mi casa solían venir algunos vecinos o tíos, especialmente cuando se trataba de escuchar discursos del presidente u otros eventos de importancia para sus intereses generales.

APARATO DE RADIO

APARATO DE RADIO

HOMERO ALCIBIADES RACETO

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


  • ALEJANDRA PIZARNIK

    • ALEJANDRA PIZARNIK
    • MADRUGADA
      Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro.

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  • FRUTA AMARGA
    Si la fruta es amarga
    no es culpable la tierra
    ni es culpable la planta.
    Tiene el hombre la culpa
    que arrojó la semilla
    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
    RESCATE POPULAR


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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.