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LA RELIGIOSIDAD DE LA COLONIA AVELLANEDA

La religiosidad de la Colonia Avellaneda.

Ayer anunciaba los próximos festejos, en honor a la Virgen instituida como patrona de la Colonia de Avellaneda, hoy pujante ciudad del norte santafesino, en su advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, y citando al historiador profesor Víctor Braidot, en su libro publicado en 1997 con el título BAJO EL SIGNO DE LA FE “(La ciudad ...tuvo siempre en el aspecto religioso, dignos pastores que con su sacrificio, sostuvieron y alentaron a los inmigrantes, sus descendientes y demás feligreses que vinieron a poblar su suelo.”

A dos años de su fundación, acaecida el 18 de Enero de 1979, la población de Avellaneda, tuvo en la persona de FRAY CELSO GHÍO, a su primer capellán. Eso fue en Febrero de 1891, pero antes de ello, FRAY ANTONIO ROSSI, cura franciscano como GHÍO, se ocupó de la atención espiritual de los inmigrantes y en la inauguración, a fines de 1882, de la Capilla de barro amasado y techo de paja, construida por los inmigrantes en el lugar donde hoy se asienta la Capilla que venera a la Virgen de Lourdes.

Fray Bernardo Trippini fue quien recibió en 1879 a los inmigrantes friulanos que llegaron al puerto de Goya, desde donde fueron trasladados a Reconquista, para formar al otro lado del arroyo El Rey, la población de Avellaneda.

TEXTO QUE CORRESPONDE AL LIBRO "BAJO EL SIGNO DE LA FE" DEL PROFESOR VICTOR J. BRAIDOT

En el año 711, a las órdenes de Tárik, los árabes y bereberes entraron en la península ibérica por el lugar denominado hoy Peñón de Gibraltar. El reino visigodo que dominaba el territorio no supo resistir. Las divisiones internas y las luchas entre los ambiciosos palaciegos visigodos aflojaron las defensas del reino y facilitaron el avance musulmán. En siete años España fue de los invasores salvo algunos pequeños enclaves norteños, aislados por las montañas. El reino de León fue el que, poco a poco, aprovechando las disensiones internas de los árabes, comenzó con su lucha por recuperar el territorio pero, por sobre todo, para restablecer en el pueblo la religión cristiana. Formaba parte de aquél la insumisa Cantabria que, en el siglo IX, empezó a ser llamada Castiella por los muchos castillos en los que se defendían y preparaqan la guerra sus moradores.

Este dificil período para España se prolongó hasta el año 1492 en el que los moros fueron vencidos y expulsados del territorio.
Pero a esta parte de la historia que tiene como protagonista a Nuestra Señora de las Mercedes quiero ubicarla en el siglo XIII cuando no habían terminado sino que se hacían más intolerables los sufrimientos de los cautivos que se encontraban en poder de los moros. Día a día las víctimas aumentaban en número porque los cristianos eran arrastrados hasta las cárceles donde se los sometía a toda clase de torturas para obligarlos a renegar de su fe.

La reconquista del territorio por parte de los ejércitos cristianos se hacía con mucha lentitud y la situación por la que atravesaban los demás pueblos europeos no permitía llevar a la península el auxilio deseado.

Mucha gente oraba implorando el auxilio divino pero fue uno que mereció la gracia más deseada: Pedro Nolasco, un caballero de la nobleza que había vendido todo su patrimonio para recaudar fondos con los cuales rescatar a cuantos cristianos cautivos le fuera posible.
Había nacido en los campos provenzales de Barcelona en 1180, aunque otras versiones indican una fecha distinta y un lugar diferente. Una noche, la del 1 al 2 de agosto de 1218, día en que la Iglesia recuerda la libertad de San Pedro de la cárcel de Jerusalén, se encontraba San Pedro Nolasco en Barcelona (recordemos que murió el 13 de mayo de 1249 y fue canonizado por el Papa Urbano VIII en 1628), profundamente conmovido, llorando amargamente mientras oraba con mucho fervor. De pronto, la habitación se iluminó con una luz celestial y se le apareció la Santísima Virgen María quien le dijo: "Cese, hijo mío, tu llanto. Soy la Madre de Dios. Es voluntad divina que fundes una Orden a la que llamarás de María de las Mercedes, destinada al rescate de los cautivos cuya suerte te hace gemir. Tú y los tuyos llevaréis este hábito blanco que en mí ves, como signo de mi filiación y de mi virginal pureza. A imitación de mi divino Hijo, iréis, llenos de caridad, en busca de esos desgraciados y, cuando el dinero os falte, quedaréis como rehenes para que los autivos logren su libertad."

Una vez dicho esto, la Celestial Señora desapareció y Nolasco permaneció como fuera de sí hasta el alba. Corrió rápidamente a contarle lo que había ocurrido a San Raimundo de Peñafort, su confesor. Con gran sorpresa oyó que también él había tenido la misma visión. Fueron los dos entonces a buscar al rey don Jaime I de Aragón, el Conquistador, quien les salió al encuentro para anunciarles que la Reina del Cielo le había sugerido iniciar una nueva orden religiosa.

Ocho días después en la catedral de Barcelona, ante el Obispo y el Rey don Jaime I , nació la nueva Orden cuyos integrantes, con abnegación y trabajo, reunieron limosnas para penetrar en la tierra dominada por los moros y arrancar de sus cárceles a miles de cristianos, muchos de ellos ya exánimes y otros a punto de proferir la triste negación de su Fe.

Los mercedarios redimieron a unos 300.000 prisioneros de los moros pero tuvieron también unos 3.000 mártires. Entre ellos San Ramón Nonato a quien, por hablar con libertad apostólica, los moros le cerraron los labios con un candado. San Pedro Armengol, San Pedro Pascual, San Serapio y muchos más sufrieron crueles martirios porque, habiéndoseles terminado el dinero, se entregaban ellos mismos como rehenes para liberar a los cautivos y morían en el suplicio porque no llegaba a tiempo el rescate.

Por la inmensa gracia que la Virgen hizo al pueblo cristiano con esta aparición, María fue llamada de las Mercedes que significa Misericordias, Gracias o Favores. Creada con ese nombre, la Orden fue honrada por el Rey Santiago I con el título real y militar poniendo en los pechos de sus integrantes el emblema real compuesto por cuatro rayas rojas con fondo de oro. Al mismo tiempo el Obispo de Barcelona como recuerdo del nacimiento de la Orden en dicha ciudad, al emblema real le agregó una cruz blanca sobre fondo rojo porque era el escudo de su Iglesia Catedral.

La Orden de los Mercedarios, luego de un reconocimiento provisorio por parte del Papa Honorio III, fue aprobada oficialmente el 17 de enero de 1235 por el Papa Gregorio IX.

Los sacerdotes mercedarios fueron los primeros religiosos llegados a nuestro país: dos lo hicieron con Pedro de Mendoza. Durante años fueron los capellanes de las grandes caravanas que se internaban por pampas desoladas hacia las Salinas Grandes, y de 1779 a 1810 tuvieron a su cargo la atención espiritual de las Islas Malvinas.

El general don Manuel Belgrano, creador de nuestra Bandera Nacional, proclamó a la Virgen de las Mercedes, Generala del Ejército y le entregó su bastón de mando después de la batalla de Tucumán.

Del libro "Bajo el Signo de la Fe" del Profesor Víctor J. Braidot

IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

La imagen de Nuestra Señora de las Mercedes que se encuentra en el altar mayor, es una escultura realizada en madera de quebracho hueca, revestida con estuco policro- mado, con ojos de color celeste claro en cristal de roca. Esta advocación española de la Virgen lleva escapularios en la mano izquierda y un cetro y cadenas en la derecha, ya que es la Patrona de los Cautivos. En el pecho tiene pintado el escudo de Barcelona, en rojo y amarillo dorado, coronado por una Cruz de Malta, la misma que lleva la Orden de los Mercedarios.
La imagen fue donada por los Hnos. Stechina y fue bendecida por el P. Francisco Comini el 24 de setiembre de 1914.
El autor fue don José Angel Nardín, primer artista plástico de Avellaneda, nacido el 14 de febrero de 1879 y fallecido el 27 de setiembre de 1935.
La obra fue restaurada totalmente por e! artista plástico local Omar Darío Nasich y presentada en una solemne ceremonia realizada el sábado 11 de julio de 1992. La bendición fue impartida por el Obispo Diocesano, Mons. Fabriciano Sigampa.

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


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    • ALEJANDRA PIZARNIK
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    Tiene el hombre la culpa
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    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
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    por su programa radial
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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.