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LA METAMORFOSIS DE JACINTO

LA METAMORFOSIS DE JACINTO

INTENTO FALLIDO DE PLAGIO A KAFKA

Me había dormido con la lectura de “La Metamorfosis” de Franz Kafka, luego de un día muy agitado, que pudo con mi resistencia física y mental.
Desperté lentamente, notando que estaba avanzada la mañana, porque la luz atravesaba el cortinado de mi habitación. Permanecía encendida la luz del velador en la mesita contigua a la cama, lo que indicaba que evidentemente me quedé dormido sin darme cuenta, y confirmaba esto, el librito caído en el suelo.
Una extraña sensación experimenté con mi lengua, la que pude ver alargada y bifurcada, y con movimientos erráticos fuera de mi boca. Mi visión era más nítida que de costumbre, pero sin embargo pensé en llevarme las manos a los ojos, para acondicionarlos a ese raro despertar. Me sobresalté al comprobar que no tenía brazos ni manos, e irguiendo mi cabeza tuve un panorama estremecedor de lo que estaba pasando. Mi ropa de dormir reposaba vacía de mi cuerpo, en forma bastante ordenada sobre la cama, y yo estaba arrollado a su lado, convertido en una serpiente, de color verdoso oscuro, con artísticas figuras en la piel escamosa.
Instintivamente me dejé caer de la cama, para esconderme bajo ella, comprobando la plasticidad de mis músculos, y la capacidad de movimientos que tenía; el piso cerámico áspero, me permitía moverme con facilidad, y me aquieté en un rincón, para estudiar la situación que se me presentaba.
Noté que mi vientre era de un color más claro, y estirándome calculé mi longitud, aceptando que coincidía con mi metro setenta de estatura; tenía un grosor importante y sospeché que mi aspecto debía ser de pánico para quien lograra verme.
Me sorprendí de mi actitud de aceptar rápidamente esta mutación que se había producido en mi cuerpo, ya que fueron breves mis especulaciones acerca de si me estaría ocurriendo esto realmente o si se trataba de un sueño, o una alucinación influenciada por mi lectura de la víspera.
Me deslicé con cuidado por debajo del mueble principal de la habitación, que consistía en un guardarropa antiguo. Escuché el chirriar de los herrajes de la puerta al ser empujada por la señora del servicio doméstico, que entraba para hacer la limpieza cuando yo me marchaba hacia el trabajo, como lo hacía todos los días. Podía ver como se movía de un lado a otro de la habitación, así que calculando distancias y tiempos, silenciosamente traspase la puerta que estaba entreabierta, y me arrastré por el césped bien cortado del jardín, hasta llegar al fondo del patio, que no estaba tan bien
cuidado, y más bien se había transformado en un depósito de basura, ramas y escombros entremezclados, y todo rodeado de una frondosa vegetación.
Anduve de aquí para allá, mimetizándome en este ambiente en el que me iba sintiendo cómodo, y avancé hasta lo que creí eran los fondos del terreno. Pero entonces todo el paisaje ya familiar de todos los días, se vio trocado por uno nuevo a mis experiencias, y que me llenó de curiosidad y porqué no decirlo de mucho temor.
Frente a mi posición algo enrollada, divisaba ahora un paisaje cubierto de una tenue neblina, que por momentos se disipaba algo, para volver a espesarse inmediatamente. Los rayos del sol matinal herían mis ojos y atiné a guarecerme tras un tronco roído por alimañas, apoyando mi cabeza sobre él, para tener una visión del panorama que se me presentaba.
Se erguía un árbol, que por sus frutos pronto deduje se trataba de un manzano... en efecto, era imponente, y colgaban de él sus frutos, algunos de color limón, y otros dorados con matices rojizos... Un rostro de mujer se asomó entonces, y casi al mismo momento uno de hombre... ambos me miraban fijamente, con sorpresa y con furia... pasaron unos instantes de quietud, cuando me percaté que dos niños aparecían de atrás del árbol y ocupaban posiciones entre los adultos, mirándome también con curiosidad, y adivinaba que con sus gestos hacían preguntas al hombre, sobre lo que estaban viendo.
Mi parte humana entonces comenzó a deducir que se trataba del teatro de operaciones del Génesis, ya por cierto ocurrido el pecado, por el aspecto deplorable de los personajes, que en nada coincidían con las pinturas medievales y menos con las renacentistas. En efecto, Eva se veía desgreñada y mugrienta, mientras sus cabellos cubrían desprolijamente sus flácidos senos, y un taparrabos de pieles ocultaban desde su cintura hasta mitad de sus muslos; Adán presentaba músculos forjados por duros trabajos seguramente, y su atuendo era muy similar al de la mujer; los niños eran diferentes el uno al otro; seguramente el que respondía al nombre de Abel, era el de caracteres más serenos y mirada más límpida, mientras que Caín tenía una mirada rencorosa y el color de su piel era evidentemente más oscuro que el del resto de los personajes.
Recordé entonces la sentencia bíblica: “3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
La mujer tenía en su mano una caña amenazante, mientras que el hombre se apoyaba en un impresionante garrote, y por la actitud de ambos me moví un poco al resguardo del tronco, ya que se mostraban bastante hostiles.
Mi instinto animal me distrajo de la atención de este cuadro, por la aparición a un palmo de mis narices, de una rata de tamaño apetitoso para mi desayuno, que ante su presencia se volvió en una necesidad inevitable.
Así que calculé la distancia, y di el golpe fortuito, atrapando en mis fauces al asustado roedor, a quien escuché chillar; pero casi al mismo instante, todo se nubló a mi alrededor, sintiendo el profundo dolor de un garrotazo, que al repetirse me hizo perder completamente el sentido.

LA METAMORFOSIS DE JACINTO

Este fue el relato de Jacinto, cuando lo visité esa tarde en el hospital, inmediatamente después que me avisaran de su internación. Lucía un cuello ortopédico, y un vendaje que cubría todo su torso, aparte de distintos magullones en sus extremidades. Tendido en su cama me relató lo sucedido, que traté de transcribir con sus exactas palabras.
El médico que lo atendió me dijo que lo trajeron alrededor del mediodía, en estado de inconciencia, recibiendo pronto los primeros auxilios, para practicársele luego estudios radiográficos, que determinaron la existencia de un par de costillas rotas, un fuerte traumatismo en la base del cráneo y diversas heridas, pero que su estado general era aceptable y estaba fuera de peligro.
Pude charlar con el guardia policial, que hacía su trabajo en la puerta de la sala; algo reticente para brindarme información, finalmente me dio algunos datos, que me desconcertaron; me dijo que con motivo de un llamado telefónico, se presentó la policía en el domicilio de Jacinto, y que llegando a los fondos de su casa, lo encontraron inconsciente, completamente sucio y magullado; descartaron una caída desde la tapia o algunos de los árboles, porque su cuerpo, completamente desprovisto de ropas, estaba tapado de escombros y ramas secas; me dijo también que habiendo revisado cuidadosamente el lugar, no encontraron ninguno de los objetos contundentes que buscaban y que lo único que les llamó la atención, fue el hallazgo de una gran piel de serpiente, dejada por algún ofidio al mudarla, pero que en definitiva tampoco encontraron al animal.
No quise abrumar con preguntas a Jacinto, ni mencioné nada de lo que se me había contado, así que deseándole una pronta recuperación y prometiendo volver pronto, me ocupé de verificar que sea bien atendido y me despedí del lugar.

HOMERO ALCIBIADES RACETO

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  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


  • ALEJANDRA PIZARNIK

    • ALEJANDRA PIZARNIK
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    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
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    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.