Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis


HOMERO Y ALCIBÍADES

HOMEROHOMERO

La Odisea (fragmento)

" Entretanto la sólida nave en su curso ligero
se enfrentó a las Sirenas: un soplo feliz la impelía
mas de pronto cesó aquella brisa, una calma profunda
se sintió alrededor: algún dios alisaba las olas.
Levantáronse entonces mis hombres, plegaron la vela,
la dejaron caer al fondo del barco y, sentándose al remo,
blanqueaban de espumas el mar con las palas pulidas.
Yo entretanto cogí el bronce agudo, corté un pan de cera
y, partiéndolo en trozos pequeños, los fui pellizcando
con mi mano robusta: ablandáronse pronto, que eran
poderosos mis dedos y el fuego del sol de lo alto.
Uno a uno a mis hombres con ellos tapé los oídos
y, a su vez, me ataron de piernas y manos
en el mástil, derecho, con fuertes maromas y, luego,
a azotar con los remos volvieron al mar espumante.
Ya distaba la costa no más que el alcance de un grito
y la nave crucera volaba, mas bien percibieron
las Sirenas su paso y alzaron su canto sonoro:
"Llega acá, de los dánaos honor, gloriosísimo Ulises,
de tu marcha refrena el ardor para oír nuestro canto,
porque nadie en su negro bajel pasa aquí sin que atienda
a esta voz que en dulzores de miel de los labios nos fluye.
Quien la escucha contento se va conociendo mil cosas:
los trabajos sabemos que allá por la Tróade y sus campos
de los dioses impuso el poder a troyanos y argivos
y aún aquello que ocurre doquier en la tierra fecunda".
Tal decían exhalando dulcísima voz y en mi pecho
yo anhelaba escucharlas. Frunciendo mis cejas mandaba
a mis hombres soltar mi atadura; bogaban doblados
contra el remo y en pie Perimedes y Euríloco, echando
sobre mí nuevas cuerdas, forzaban cruelmente sus nudos.
Cuando al fin las dejamos atrás y no más se escuchaba
voz alguna o canción de Sirenas, mis fieles amigos
se sacaron la cera que yo en sus oídos había
colocado al venir y libráronme a mí de mis lazos. "

No se conoce mucho de esta persona, que vivió en Grecia unos 900 años antes de la era cristiana, y a quien se le atribuye la autoría de las epopeyas LA ILIADA y LA ODISEA.
Datos históricos lingüísticos, proporcionan la idea de que esos poemas fueron escritos en asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor.
El texto moderno de los poemas homéricos se transmitió a través de los manuscritos medievales y renacentistas, que a su vez son copias de antiguos manuscritos, hoy perdidos.
Homero es, de manera directa, el padre de toda la literatura griega posterior: el teatro, la historiografía e incluso la filosofía, llevan la huella de los temas, cómicos y trágicos, planteados en estas epopeyas, así como de las técnicas homéricas.

Nombre traidicionalmente asignado al famoso autor de la Iliada y la Odisea, las dos grandes epopeyas de la antigüedad en Grecia. Nada se sabe de su persona, y de hecho algunos ponen en duda que estas dos epopeyas sean obra del mismo autor. Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que disponemos permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C. Las dos epopeyas narran hechos legendarios que supuestamente ocurrieron muchos siglos antes de la época en que fueron escritas. la Iliada se sitúa en el último año de la guerra de Troya, que constituye el telón de fondo de su trama. Narra la historia de la cólera del héroe griego Aquiles. Insultado por su comandante en jefe, Agamenón, el joven guerrero Aquiles se retira de la batalla, abandonando a su suerte a sus compatriotas griegos, que sufren terribles derrotas a manos de los troyanos. Aquiles rechaza todos los intentos de reconciliación por parte de los griegos, aunque finalmente cede en cierto modo al permitir a su compañero Patroclo ponerse a la cabeza de sus tropas. Patroclo muere en el combate, y Aquiles, presa de furia y rencor, dirige su odio hacia los troyanos, a cuyo líder, Héctor (hijo del rey Príamo), derrota en combate singular. El poema concluye cuando Aquiles entrega el cadáver de Héctor a Príamo, para que éste lo entierre, reconociendo así cierta afinidad con el rey troyano, puesto que ambos deben enfrentarse a la tragedia de la muerte y el luto.

La Odisea narra el regreso del héroe griego Odiseo (Ulises en la tradición latina) de la guerra de Troya. En las escenas iniciales se relata el desorden en que ha quedado sumida la casa de Odiseo tras su larga ausencia. Un grupo de pretendientes de su esposa Penélope está acabando con sus propiedades. A continuación, la historia se centra en el propio héroe. El relato abarca sus diez años de viajes, en el curso de los cuales se enfrenta a diversos peligros, como el gigante devorador de hombres, Polifemo, y a amenazas tan sutiles como la que representa la diosa Calipso, que le promete la inmortalidad si renuncia a volver a casa. La segunda mitad del poema comienza con la llegada de Odiseo a su isla natal, Ítaca. Aquí, haciendo gala de una sangre fría y una paciencia infinitas, pone a prueba la lealtad de sus sirvientes, trama y lleva a efecto una sangrienta venganza contra los pretendientes de Penélope, y se reúne de nuevo con su hijo, su esposa y su anciano padre. Estas dos epopeyas están escritas en un verso formal y elevado, en un lenguaje jamás empleado en la lengua ordinaria; su métrica es el hexámetro dactílico. Es imposible establecer una distinción entre estas dos obras en el aspecto estilístico. Sin embargo, resulta fácil comprender por qué, desde la antigüedad, muchos lectores las han atribuido a dos autores diferentes. la Iliada habla de las pasiones y plantea dilemas imposibles de resolver. No hay en ella auténticos villanos; Aquiles, Agamenón, Príamo y los demás personajes son víctimas de un universo trágico y cruel. En la Odisea, por el contrario, el mal es derrotado, triunfa la justicia y la familia, tristemente separada, se reúne de nuevo. El intelecto racional, particularmente el de Odiseo, actúa como fuerza motriz a través de todo el relato.

Junto a la Iliada y la Odisea figuran los llamados himnos homéricos, una serie de poemas relativamente breves, que celebran las hazañas de diversos dioses, compuestos en un estilo épico similar, y también atribuidos a Homero. El texto moderno de los poemas homéricos se transmitió a través de los manuscritos medievales y renacentistas, que a su vez son copias de antiguos manuscritos, hoy perdidos. Pese a las numerosas dudas que existen sobre la identidad de Homero (algunos lo describen como un bardo ciego de Quío) o sobre la autoría de determinadas partes del texto, como las escenas finales de la Odisea, la mayoría de sus lectores, desde la antigüedad clásica hasta no hace mucho tiempo, creyeron que Homero fue un poeta (o como mucho, dos poetas) muy parecido a los demás. Creyeron, en suma, que la Iliada y la Odisea, aunque basadas en materiales tradicionales, son obras independientes, originales y en gran medida ficticias. Sin embargo, durante los últimos 200 años, esta visión ha cambiado radicalmente, tras el surgimiento de la interminable cuestión homérica: ¿Quién, cómo y cuándo se compuso la Iliada y la Odisea? Aún no se ha encontrado una respuesta que satisfaga a todas las partes. En los siglos XIX y XX los estudiosos han afirmado que ciertas inconsistencias internas venían a demostrar que los poemas no eran sino recopilaciones, o añadidos, de poemas líricos breves e independientes (lays); los unitaristas, por su parte, consideraban que estas inconsistencias eran insignificantes o imaginarias y que la unidad global de los poemas demostraba que ambos eran producto de una sola mente. Recientemente, la discusión académica se ha centrado en la teoría de la "composición oral-formularia", según la cual la base de los poemas tal y como hoy los conocemos es un complejo sistema de dicción poética tradicional (por ejemplo, combinaciones de sustantivo-epíteto "Aquiles el de los pies ligeros") que sólo puede ser producto del esfuerzo común de varias generaciones de bardos heroicos.

Ninguna de estas interpretaciones es determinante, pero sería justo afirmar que prácticamente todos los comentaristas coinciden en que, por un lado, la tradición tiene un gran peso en la composición de los poemas y, por otro, que en lo fundamental ambos parecen obra de un mismo creador. Entretanto, los hallazgos arqueológicos realizados en el curso de los últimos 125 años, en particular los de Heinrich Schliemann, han demostrado que gran parte de la civilización descrita por Homero no era ficticia. Los poemas son pues, en cierto modo, documentos históricos, y la discusión de este aspecto ha estado presente en todo momento en el debate sobre su creación.

Homero es, de manera directa, el padre de toda la literatura griega posterior: el teatro, la historiografía e incluso la filosofía, llevan la huella de los temas, cómicos y trágicos, planteados en estas epopeyas, así como de las técnicas homéricas. Para los últimos poetas épicos de la literatura occidental Homero ha sido siempre el maestro indiscutible (aun cuando, como en el caso de Dante, no conocieran sus obras directamente). Pero curiosamente, para sus más notables seguidores, la obra de Homero fue tanto modelo como objetivo. Así por ejemplo, la Eneida de Virgilio viene a refutar el sistema individualista de valores de la épica homérica; y en las escenas más homéricas de El paraíso perdido, del poeta inglés John Milton, las estrofas que describen la batalla en el cielo, son esencialmente cómicas. En lo que respecta a la novela, Don Quijote de La Mancha (1605), de Miguel de Cervantes, o Ulises (1922) del irlandés James Joyce, cuanto más homéricas son más tienden a la parodia y la burla de la épica. Lo cierto es que desde los tiempos de Homero, ningún autor ha logrado reunir su genio épico y su erudición.

Extraído de http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1832

ALCIBÍADES

ALCIBÍADES

El origen y juventud de Alcibíades

La paz de Nicias firmada por Esparta y Atenas tras la guerra del Peloponeso y que debía durar 50 años. Pero sólo duró tres años, porque una nueva figura, que había de resultar nefasta para los atenienses, reanudó las hostilidades. Se trataba de un sobrino de Pericles, llamado Alcibíades hijo de Clinias, que había nacido en el año 450 ac, cuando su tío se hallaba en el poder. Alcibíades era el Heredero de su riqueza, de su figura arrogante y de su avasalladora oratoria, Alcibíades fue mimado por Atenas. Alcibíades fue discípulo de Sócrates, hacía compatible la severa moral predicada por el gran filósofo con orgías tumultuosas en las que derrochaba el dinero como un sátrapa persa y cometía toda suerte de desmanes. Como alumno de Sócrates, Alcibíades fue amante de su maestro en su juventud y con quien le uniría una sólida amistad toda su vida. Luchó en Potidea, donde Sócrates le salvó la vida, y en Delio, donde en esta ocasión fue Alcibíades quien salvó la vida al filósofo.

Alcibíades como líder militar de los griegos

Llegada la hora de su intervención en política, a la que estaba destinado por su nacimiento, Alcibíades sucedió al prudente Nicias en la dirección de los asuntos públicos y convenció a los atenienses para que reanudaran la guerra.

Los atenienses y Alcibíades tuvieron que acudir en ayuda de su aliada Argos y sufrieron una contundente derrota a manos del rey espartano Agis en el istmo de Corinto y atacó a los espartanos en el mismo Peloponeso, pero fueron derrotados en Mantinea (418 ac) y se volvió a establecer el equilibrio anterior. La derrota provocó un cambio de política y Atenas se encaminó hacia nuevos frentes. La isla de Melos fue ocupada lo que motivó que entre los propios aliados de Atenas se desarrollara cierta desconfianza.

No obstante, Alcibíades volvió a pensar en otra expedición contra Esparta. La idea de Alcibíades era muy amplia: se organizaría contra Siracusa, colonia doria en Sicilia, y, en general, contra esta isla, considerada como el granero de Esparta y en la que también existían otras riquezas codiciables, como madera para la construcción de naves y plata. El potente ejército ateniense se encaminó a la isla en el verano de 415 ac al mando de Alcibíades. Desafortunadamente la expedición de Alcibíades no recibió el tratamiento esperado y la flota fue obligada a regresar a Atenas donde Alcibíades debía ser sometido a juicio. Temeroso ante la posibilidad de ser condenado, Alcibíades huyó durante el viaje y se refugió en Esparta, recibiendo la protección del rey Agis.

Alcibíades, aprovechó que la ciudad de Segesto, en la misma isla, había pedido ayuda a los atenienses contra Siracusa, y esto acabó de convencer a la Asamblea ateniense que aprobó el proyecto. Pero la víspera de la partida de la flota, que había de mandar el propio Alcibíades, celebró éste una de sus habituales orgías, en el curso de la cual fue mutilada una estatua del dios Hermes. Los enemigos de Alcibíades le acusaron de sacrilegio, pero el orgulloso joven (tenía entonces 35 años) se negó a presentarse ante el tribunal y huyó de la ciudad encaminándose a Esparta, donde denunció todos los preparativos atenienses.

Alcibíades se traiciona a Atenas y se alía con Esparta

Cuando a mediados del año 415 a J.C. salió la escuadra ateniense, siguiendo el antigüo plan de Alcibíades, al mando de Nicias y Lamacos, los espartanos habían enviado ya apoyo a Siracusa, y los atenienses no pudieron conseguir sus objetivos, pese a los refuerzos que se recibieron de su ciudad al mando de Demóstenes. Los espartanos dirigidos por Gylipos rompieron el cerco de Siracusa y aniquilaron a los atenienses, provocando la deserción de buena parte de sus aliados en Jonia. Demóstenes y Nicias fueron degollados y todos los supervivientes atenienses encerrados en miserables cárceles, donde murieron de hambre, o fueron vendidos como esclavos.
Alcibíades completó su traición señalando a los espartanos el camino de Atenas: si se fortificaban en la plaza fuerte de Decelia, a 24 kilómetros de Atenas, les sería fácil hacer imposible la vida en la ciudad, al tiempo que el asedio provocaría la deserción de sus ciudades aliadas. Así ocurrió, y Atenas agotó sus últimos recursos en la construcción de una escuadra que se estacionó en Samos.

Alcibíades traiciona a Esparta y se alía con Persia

Durante su estancia en Esparta, Alcibíades sedujo a la esposa de su benefactor Agis, la bella Timée. Agis dispuso el asesinato del ateniense pero Alcibíades consiguió escapar, huyendo a la corte del sátrapa Tisafernes donde se refugió. Alcibíades pronto consiguió que Darío II rompiera la alianza con Esparta al tiempo que prometió ayuda persa a la flota ateniense a cambio de una mayor aportación aristocrática en el gobierno de la ciudad. Alcibíades se puso de acuerdo con el sátrapa Tisafernes, que prometió ayudar a Atenas. Alcibíades pudo contemplar como Atenas vivía graves conflictos de carácter social y político, resueltos cuando los partidarios de la oligarquía y los demócratas llegaron a un entendimiento. La única salida a la tensión que se vivía en el Atica era una guerra, y Alcibíades se presentó en su ciudad donde fue clamorosamente recibido y nombrado nuevamente jefe de la escuadra. Alcibíades venció a los espartanos en Abydos (411 ac) y en Cízico (410 ac). Estos triunfos reanimaron a Atenas, que se negó a oír las propuestas de paz que Esparta le hacía.

En Esparta, en este tiempo, un gran jefe militar llamado Lisandro, futuro enemigo de Alcibíades, comprendió que el triunfo definitivo sobre su constante rival no podría alcanzarse si no era por mar. Contando con el apoyo persa que se hizo cuantioso, dedicó todos sus esfuerzos a la construcción de una escuadra, a pesar de lo cual cayó del poder, siendo sustituido por Calicrátides. También Alcibíades había perdido otra vez el apoyo de su ciudad, con lo que la escuadra ateniense fue encomendada a Conón. Éste y Calicrátides, sin el apoyo de Alcibíades, libraron la batalla de las islas Arginiusas (406), ganada por los atenienses, pero que constituyó el canto del cisne del poderío naval de Atenas. Porque vuelto Lisandro al poder, y Atenas sin Alcibíades, al año siguiente logró la decisiva victoria de Egos Pótamos, en la que el poderío naval ateniense quedó definitivamente destruido.

El fin de Alcibiades y la derrota de Atenas

La ciudad de Atenas fue sitiada en el año 404 y tomada por hambre, en el mismo año en que Alcibíades moría asesinado en Persia. Un gravoso tratado le fue impuesto a la ciudad reina de Grecia: había de entregar todas sus naves, excepto doce; se disolvería la Confederación de Delfos, viéndose Atenas obligada a formar parte de la Liga del Peloponeso, y fueron destruidos los Largos Muros y las demás fortificaciones de la ciudad. Cleofón, caudillo de los demócratas, fue ejecutado en tanto que Lisandro establecía un gobierno dirigido por el jefe de los aristócratas, "Teramenes", y que fue llamado de los "Treinta Tiranos". Se dice que en la tradición literaria, Alcibíades personifica la unión de vicios y virtudes en una misma persona.

Extraído de http://www.vidasdefuego.com/biografia-alcibiades.htm

HOMERO ALCIBIADES RACETO

No hay Comentarios »


Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>


  • MILAN KUNDERA
    • MILAN KUNDERA
    • Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada. Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.
    • Fragmento de LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER


  • ALEJANDRA PIZARNIK

    • ALEJANDRA PIZARNIK
    • MADRUGADA
      Desnudo soñando una noche solar. He yacido días animales. El viento y la lluvia me borraron como a un fuego, como a un poema escrito en un muro.

  • BANDERA ARGENTINA BANDERA ARGENTINA

    BANDERA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE BANDERA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE
    ESCUDO DE LA PROVINCIA DE SANTA FE ESCUDO DE LA PROVINCIA DE SANTA FE
    BANDERA DE AVELLANEDA BANDERA DE LA CIUDAD DE AVELLANEDA


  • Contacto

  • FRUTA AMARGA
    Si la fruta es amarga
    no es culpable la tierra
    ni es culpable la planta.
    Tiene el hombre la culpa
    que arrojó la semilla
    con las manos amargas.
    Yo lo acuso en voz alta:
    he vivido en la tierra
    y la tierra no es mala.
    Yo lo acuso en voz alta:
    tuve un árbol hermano
    que dejó mi alma blanca.
    Yo menciono su culpa
    que ahora llamo la nuestra:
    somos hombres culpables
    de sembrar la semilla
    con las manos amargas.

    PABLO ALCIDES PILA (1960)

    Publicado en
    Pájaros en el Camino,
    recopilación de poemas
    de Pablo Alcides Pila,
    recientemente galardonado
    con el premio
    SANTA CLARA DE ASIS
    por su programa radial
    RESCATE POPULAR


    View My Stats >
    MI ULTIMA FLOR

    De todas las flores
    bellas que han perfumado
    ninguna con tu fragancia
    ni tu candor,
    por eso es que en mi
    recuerdo has perdurado
    tan fiel como aquel
    entonces, mi última flor.

    Lozana, grácil y esbelta,
    mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré,
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Lozana, grácil y
    esbelta, mi flor amada
    en un rincón
    venerado te llevaré
    presente estarás
    por siempre flor nacarada
    que en mi corazón
    amante conservaré.

    Tanto te cuidé con
    dedicación
    y con cuanta unción
    mi amor te brindé,
    mil trovas canté
    con sana emoción
    y en cada canción
    siempre en ti pensé.

    Ahora que no estás
    me siento morir
    mi pobre vivir
    languidece ya
    por siempre serás
    mi ultima flor
    el genuino amor
    que perdurará.

    Autor: Salvador Miqueri

    - Avelino Flores




    COSAS QUE PASAN


    >
    Nadie salió a despedirme
    cuando me fui de la estancia
    solamente el ovejero, un perro nomás,
    Cosas que pasan.
    El asunto, una zoncera,
    un simple cambio de palabras,
    y el olvido de un mocoso,
    del que puedo ser su tata.
    Y yo que no aguanto pulgas,
    a pesar de mi ignorancia,
    ya no mas pedí las cuentas,
    sin importarme de nada.


    No hubiera pasado esto,
    si el padre no se marchara,
    pero los patrones mueren,
    y después los hijos mandan.
    Y hasta parece mentira,
    pero es cosa señalada,
    que de una sangre pareja,
    salga la cría cambiada.


    Los treinta años al servicio,
    pal’ mozo no fueron nada,
    se olvido mil cosas buenas,
    por una que salió mala.
    Yo me había aquerenciao,
    nunca conocí otra casa,
    que apegado a las costumbres,
    me hallaba en aquella estancia.

    Sí hasta parece mentira,
    mocoso sin sombra e’ barba
    que de guricito andaba,
    prendido de mis bombachas.
    Por él, le quité a unos teros
    dos pichoncitos, malaya!
    Y otra vez, nunca había bajao un nido,
    y por él gatié las ramas.


    Cuando ya se hizo muchacho,
    yo le amansé el malacara,
    y se lo entregué de riendas,
    pa’ que él solo lo enfrenara.
    Tenía un lazo trenzao,
    que gané en una domada,
    pal’ santo se lo osequié,
    ya que siempre lo admiraba.


    Y la única vez que El patrón,
    me pegó una levantada,
    fue por cargarme las culpas,
    que a él le hubieran sido caras.
    Zonceras, cosas del campo,
    la tranquera mal cerrada,
    y el terneraje e’ plantel,
    que se sale de las casas.
    Y eso, pal’ finao patrón,
    Era cosa delicada.


    Y bueno, pa’ que acordarme
    de una época pasada,
    me dije pa’ mis adentros,
    todo eso no vale nada.


    Sin mirarnos, arreglamos,
    metí en el cinto la plata,
    le estiré pa’ despedirme mi mano,
    Pa’ que apretara,
    y me la dejó tendida,
    cosa que yo no esperaba.
    Porque ese mozo no sabe,
    si un día ha de hacerle falta...

    Tranqueando me fui hasta el catre, alcé un atado que dejara,
    y me rumbié pal’ palenque,
    echándome atrás el ala.
    Ensillé, gané el camino,
    pegué la ultima mirada
    al monte, al galpón, los bretes,
    el molino, las aguadas,

    De arriba abrí la tranquera,
    eche el pañuelo a la espalda,
    por costumbre, prendí un negro,
    talonié mi moro Pampa,
    y ya me largué al galope,
    chiflando como si nada.


    Nadie salió a despedirme
    Cuando me fui de la estancia,
    Solamente el ovejero,
    un perro nomás,
    Cosas que pasan.


    Poema de Don Víctor Abel Jiménez
    Musica de Jose Larralde




    Mensajes del Alma



    En mi país por año hay
    15 mil chicos que vuelan
    como angelitos con sus
    alas por el buen aire
    con la suerte y la calma
    de no haber conocido nada

    para seguir siendo buenos
    quizás Dios robó esas almas

    Que piensas cuando te
    hablo de todo lo que paso
    viste que todas las
    cosas se saben con el tiempo
    suelto y aún viviendo
    el católico que bendijo
    ya perdió hace mucho
    tiempo su lugar en el cielo


    Todos los días que te
    lleve saber como esto fue
    te servirá para ser en
    otro tiempo algo más libre


    Son las únicas palabras
    que te pido escuchar si no me muero de
    verguenza hoy aca a todos por igual
    alguien nos espera
    y de cualquier
    manera llorarás


    Que dignidad tan grande la
    de creer siempre en la vida
    con solo ver una flor
    brotando entre las ruinas


    Tu canción fue la rueda de
    los días que siguieron
    tu canción fue mas lejos
    que la muerte que te hicieron
    no tengas miedo ya dimos
    la vuelta al espanto
    un viento algo más calmo
    se viene anunciando


    El polvo de estas calles
    pone a santo con represor
    pone al inocente en pena
    y despierta al asesino
    témpano del olvido y
    de nunca decir nada
    cuantas mirandas caídas
    sin ver que es lo que pasa
    ningún dolor se siente
    mientras le toque al vecino
    el que manda a matar
    es para sentirse mas vivo

    Son mensajes del alma
    herida pero bien clara sobre
    lo cobarde toda la verdad
    ángel rubio de la muerte
    de que poco te sirvió
    el himno, Jesús, la bandera,
    y el sol que te vió.


    LEON GIECO
    • Mahatma Gandhi
    • Si nosotros existimos,
    • si nuestros padres
    • y sus padres han existido,
    • entonces es natural
    • creer en el Padre
    • de toda la creación. Si Él no existe,
    • nosotros no existimos
    • en parte alguna.
    • Él es uno y, al mismo
    • tiempo, es muchos.
    • Es más pequeño que un
    • átomo y más grande que el
    • Himalaya.
    • Lo contiene hasta una gota
    • del océano y,
    • sin embargo, ni los
    • siete mares
    • pueden encerrarlo.
    • La razón es impotente
    • para conocerlo.
    • Él está más allá
    • del alcance o la
    • aprehensión racional.
    • No es necesario
    • que continúe insistiendo
    • sobre el tema.
    • En esta cuestión
    • lo esencial es
    • la fe. Mi lógica puede
    • hacer
    • y deshacer innumerables
    • hipótesis.
    • Un ateo podría derrotarme
    • en un debate;
    • sin embargo,
    • mi fe corre tanto
    • más rápidamente que mi razón,
    • por lo cual puedo desafiar a
    • l mundo
    • entero y decir que
    • "Dios es, fue y será siempre.”
    • No obstante, aquellos que
    • quieran negar su existencia,
    • tienen la
    • libertad de hacerlo.
    • Dios es misericordioso
    • y compasivo:
    • no es un rey
    • terrenal que necesita un
    • ejército para hacernos
    • aceptar su poder.
    • Él nos
    • concede la libertad y,
    • sin embargo,
    • Su compasión ordena
    • obediencia a
    • Su voluntad.
    • Si alguien desdeña inclinarse
    • ante Su voluntad, El dice:
    • "Así sea; no por esto mi
    • sol brillará menos para ti,
    • ni tampoco mis
    • nubes para ti han de llover menos.
    • No necesito forzarte para que aceptes
    • mi poder."
    • Dejemos, pues,
    • al ignorante que discuta
    • la existencia de
    • semejante Dios.
    • Yo soy uno de los millones
    • de hombres sabios que
    • creen en El y nunca
    • me cansaré de inclinarme ante
    • El ni de cantar Su gloria.